El veterano de guerra dialogó con Radio 3 y recordó los días en los que, con apenas 21 años, fue enviado a las islas en medio del conflicto armado.
A 44 años de la Guerra de Malvinas, el veterano Orestes Jara recordó su experiencia en diálogo con Radio 3, rememorando los días en los que, con apenas 21 años, fue enviado a las islas en medio del conflicto armado. Su relato revive el impacto emocional y las condiciones extremas que enfrentaron los soldados argentinos.
Jara contó que su principal preocupación al ser convocado no era su destino, sino el sufrimiento de sus padres. “Uno ya está jugado, no tiene mucho, hay que tratar de ser lo suficientemente fuerte para sobrellevar la situación”, expresó, al recordar los días previos a su partida hacia las islas. De hecho, mencionó que en un principio se creía que serían enviados a Buenos Aires para intervenir en una manifestación sindicalista.
Ya en territorio malvinense, el excombatiente trelewense describió el clima constante de peligro, especialmente en Bahía Zorro. “Allá era verdaderamente hasta perder la vida”, relató. Recordó asimismo el primer bombardeo: “Era un día hermoso y nos dijeron que iba a pasar un avión para gritar viva la patria, pero era un avión inglés y nos bombardeó”.
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Uno de los momentos más significativos de su experiencia fue el juramento a la bandera en las islas. “Juramos la bandera allá, en Bahía Zorro, y no es como hacerlo en el continente. Allá la estás jurando sabiendo que puede costarte la vida, que estás para eso, para defender la patria”, expresó con emoción, destacando la carga simbólica y el riesgo real que implicaba ese acto.
El veterano cuestionó también la información que se difundía en el continente durante la guerra. “Lo que uno escuchaba en la radio, y vos estando allá te das cuenta que son todas mentiras”, sostuvo, y remarcó: “No es verdad que estamos ganando la guerra. Nosotros no teníamos armamento suficiente y las condiciones eran muy precarias”.
El regreso fue otro de los momentos más conmovedores. Tras ser prisionero, llegó a Puerto Madryn sin poder avisar a su familia. “Justo cuando salíamos de la base, llegaron mis padres. Le pedí al subteniente que me dejara verlos. Estuve uno o dos minutos con ellos, los saludé y seguimos viaje. Fue un momento impagable”, contó. Ya de regreso a la vida civil, reflexionó: “Uno allá madura de golpe. Sabés que podés morir. Después formé mi familia, tengo cuatro hijos y dos nietos. Como siempre digo, la vida sigue y hay que vivirla”. Emocionado, reconoció que con el paso del tiempo le cuesta cada vez más revivir esos recuerdos.


