Publicado el 29 de septiembre de 1976, en plena dictadura, el último álbum de Spinetta, Machi, Pomo y Gubitsch fusionó rock, tango y jazz en una obra que sigue vigente cinco décadas después.
El 29 de septiembre de 1976, seis meses después del golpe de Estado del 24 de marzo, Invisible publicaba El jardín de los presentes, su tercer y último álbum. Lo que entonces fue un disco de culto con presentación en el Luna Park ante 15.000 personas se convirtió con el tiempo en una de las obras fundamentales del rock argentino y en uno de los puntos más altos de la trayectoria de Luis Alberto Spinetta.
La formación que grabó el disco fue determinante en su sonido. Spinetta en voz y guitarra, Carlos Alberto «Machi» Rufino en bajo y Héctor «Pomo» Lorenzo en batería sumaron para este trabajo a Tomás Gubitsch, un guitarrista de apenas 18 años con formación jazzística cuya incorporación transformó al grupo. Su guitarra dialogó con la de Spinetta en extensos pasajes instrumentales y se convirtió en uno de los rasgos distintivos del álbum. Al año siguiente, Gubitsch se incorporaría al octeto de Astor Piazzolla.
La presencia de los bandoneonistas Juan José Mosalini y Rodolfo Mederos reforzó el cruce entre rock progresivo, jazz y tango que el disco llevó a un grado de elaboración inédito. Canciones como «El anillo del Capitán Beto» —que convirtió a un colectivero porteño en viajero espacial— y «Las golondrinas de Plaza de Mayo» —con bandoneones y la frase «solo vuelan en libertad»— adquirieron con el tiempo lecturas vinculadas a la incertidumbre, la ausencia y la memoria de la dictadura, aunque Spinetta sostuvo que no había compuesto pensando conscientemente en esas referencias.
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En ese contexto histórico, Invisible no produjo un disco de denuncia explícita: Spinetta eligió, como tantas veces, la poesía y la metáfora. Esa decisión permitió que la obra resistiera el tiempo y se abriera a múltiples interpretaciones.
Invisible se disolvió a comienzos de 1977, pero el legado del disco excedió a la banda. El cruce entre rock, tango y jazz que el álbum desarrolló tuvo continuidad en distintas etapas posteriores de Spinetta y se convirtió en uno de los caminos posibles para pensar una música argentina capaz de dialogar con lenguajes internacionales sin perder su identidad porteña.
Con información de NA.


