Afganistán lanzó este miércoles comandos aéreos para rescatar a los supervivientes atrapados entre los escombros de las casas destruidas en las provincias de Kunar y Nangarjar. El primer terremoto, de magnitud 6, ocurrido en la medianoche del domingo, fue uno de los más graves en años, dejando un saldo de destrucción generalizada.
Un segundo sismo, registrado el martes con magnitud 5,5, complicó aún más los operativos. El temblor provocó deslizamientos de rocas que bloquearon caminos hacia las aldeas más remotas, interrumpiendo la llegada de ayuda humanitaria y generando pánico entre los habitantes que ya sufrían las consecuencias del desastre.
MIRÁ TAMBIÉN | Putin y Kim refuerzan la alianza militar en Pekín
De acuerdo con el Gobierno talibán, hasta el momento se contabilizan 1.411 muertos, 3.124 heridos y más de 5.400 viviendas destruidas. Naciones Unidas advirtió que la cifra de víctimas podría aumentar, mientras miles de familias permanecen en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Los equipos de emergencia enfrentan graves dificultades por la falta de recursos y el terreno montañoso. Helicópteros trasladan a heridos hacia hospitales desbordados, mientras organizaciones internacionales como la ONU y Médicos Sin Fronteras reclaman más refugios, alimentos, agua potable y suministros médicos para atender la magnitud de la crisis.
MIRÁ TAMBIÉN | Burkina Faso prohíbe la homosexualidad con penas de hasta cinco años de prisión
Afganistán, propenso a sismos mortales debido a su ubicación en la cordillera del Hindú Kush, vuelve a estar en el centro de una emergencia humanitaria. La precariedad de las viviendas, sumada a días de lluvias intensas, agravó el impacto de un desastre que pone a prueba la limitada capacidad de respuesta del país.
Fuente: Reuters.
Foto: REUTERS/Sayed Hassib.


