El ajo negro llama la atención por su color oscuro y su textura blanda, muy distinta al ajo crudo tradicional. No se trata de una variedad diferente, sino del mismo ajo común que atraviesa un proceso de maduración controlada, mediante calor y humedad, que transforma su sabor, aroma y composición.
Este alimento comenzó a ganar protagonismo en la cocina saludable por su perfil más suave y su sabor ligeramente dulce, con notas que recuerdan al balsámico o a la ciruela seca. A diferencia del ajo crudo, no deja olor intenso ni resulta agresivo al paladar.
Desde el punto de vista nutricional, la principal diferencia está en sus compuestos. Durante la maduración, la alicina del ajo crudo se transforma en S-alil cisteína, un antioxidante más estable y de mejor absorción, lo que lo vuelve más tolerable para muchas personas.
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Especialistas señalan que el ajo negro puede ser una opción más amigable para quienes sufren acidez o reflujo, ya que no es picante ni irritante. Por ese motivo, suele incorporarse con mayor facilidad al consumo diario, siempre de manera moderada.
Entre los beneficios que se le atribuyen se destacan su acción antioxidante y antiinflamatoria, el aporte a la salud cardiovascular, el apoyo al sistema inmunológico y la protección hepática. Sin embargo, los expertos aclaran que estos efectos se dan como parte de una dieta equilibrada y no como un tratamiento médico.
En cuanto a su consumo, se recomienda uno o dos dientes por día, solos o incorporados a distintas preparaciones. Aunque es seguro para la mayoría de las personas, quienes toman anticoagulantes o tienen sensibilidad digestiva deberían consultar antes. Los especialistas advierten, además, que no debe considerarse un “superalimento” ni una solución milagrosa.
Fuente: TN.


