La operación militar en el noroeste de Siria deja al menos 231 muertos y 134 ejecutados. El país sigue luchando por restablecer la seguridad tras la caída de Bashar al Asad.
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Las fuerzas de seguridad sirias iniciaron este viernes 7 de marzo una importante operación militar en el noroeste de Siria, después de intensos enfrentamientos con combatientes leales al derrocado presidente Bashar al Asad.
Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), las autoridades sirias habrían ejecutado a 134 miembros de la minoría musulmana alauita, grupo al que pertenece Asad. Este suceso se produce en un contexto de creciente violencia, en el que al menos 231 personas han muerto desde el jueves debido a los feroces combates entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes.
Para hacer frente a la situación, las autoridades sirias enviaron refuerzos militares y llevaron a cabo operaciones de rastreo en la región. La violencia ha dejado un saldo de víctimas que se sigue actualizando, con un creciente número de personas desplazadas debido a la inseguridad.
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El derrocamiento de Bashar al Asad, quien gobernó Siria durante 24 años con mano de hierro, ocurrió el pasado 8 de diciembre por una coalición de rebeldes islamistas, encabezados por el grupo radical Hayat Tahrir al Sham (HTS). La caída del régimen de Asad ha dejado al país sumido en una profunda crisis, en la que las nuevas autoridades deben hacer frente al reto de restaurar la seguridad y la estabilidad tras más de una década de guerra civil.
Desde que estalló el conflicto en 2011, más de medio millón de personas han muerto en Siria, y las heridas del conflicto siguen abiertas. La situación sigue siendo crítica, especialmente en áreas controladas por diversos grupos insurgentes y facciones militares, lo que complica las posibilidades de lograr una paz duradera en el país.
Fuente y foto: DW


