Argentina protagonizó un hecho inédito en la cumbre del G20 en Johannesburgo: fue el único país en rechazar el documento final presentado por la presidencia sudafricana. La decisión dejó al foro sin una declaración consensuada por primera vez, en un contexto ya marcado por la ausencia de líderes globales.
La postura argentina quedó directamente vinculada a la estrategia de Estados Unidos, que había anticipado que no avalaría ningún documento por diferencias con la política exterior sudafricana. Javier Milei, alineado con Donald Trump, decidió no asistir y delegó la representación en el canciller Pablo Quirno.
Durante las reuniones, la delegación encabezada por Quirno y el sherpa Federico Pinedo buscó evitar quedar como la única voz disidente, pero la insistencia sudafricana en presentar el texto como consensuado obligó a la Argentina a desmarcarse. Según fuentes diplomáticas, el Gobierno solicitó que la declaración fuera publicada como documento de presidencia y no como acuerdo general.
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Otro punto central del desacuerdo fue un párrafo del borrador que mencionaba “territorios palestinos ocupados” sin incluir una visión más amplia del conflicto en Medio Oriente. Por la cercanía política con Israel, Buenos Aires lo consideró una de sus “líneas rojas”, tal como remarcó Quirno en su intervención ante el plenario.
El Gobierno sabe que esta posición generará reproches dentro del grupo, pero sostiene que responde al pedido explícito de Washington de acompañar su postura global. La ironía diplomática es que Trump será el anfitrión de la próxima cumbre del G20 en 2026, pasando del boicot en Sudáfrica a la organización del encuentro.
En su mensaje final, Quirno afirmó que “Argentina mantiene su pleno compromiso con el espíritu de cooperación del G20”, buscando equilibrar la alineación con Estados Unidos y la necesidad de preservar vínculos con el resto de los socios internacionales.
Fuente: TN.


