La rana dorada, una de las especies más emblemáticas y amenazadas de Panamá, está un paso más cerca de volver a su hábitat natural tras casi dos décadas en cautiverio. Un reciente experimento en el Parque Nacional Altos de Campana buscó evaluar su capacidad de supervivencia en un entorno donde aún persiste el hongo que diezmó a la especie.
El ensayo consistió en la liberación controlada de un centenar de ranas dentro de “mesocosmos”, recintos cerrados diseñados para monitorear su adaptación. Sin embargo, los resultados mostraron una tasa de supervivencia del 30%, ya que la mayoría de los ejemplares murió a causa del hongo quítrido, científicamente conocido como Batrachochytrium dendrobatidis, responsable de la drástica caída de poblaciones de anfibios en la región.
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Investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales destacaron que este proceso representa el “primer paso” hacia la restauración de la especie en su ambiente natural. El estudio permitió analizar cómo responden las ranas al patógeno y evaluar las condiciones necesarias para futuras liberaciones más exitosas.
Uno de los principales desafíos detectados es la falta de toxinas en la piel de las ranas criadas en cautiverio, un mecanismo de defensa clave contra depredadores. Esta debilidad podría convertirlas en presas fáciles, por lo que los científicos investigan en qué etapa del ciclo de vida desarrollan estas sustancias esenciales para su supervivencia.
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Desde 2009 no se registran ejemplares en estado silvestre, luego de que el hongo arrasara con la población en la zona montañosa central del país. A través de programas de conservación, los especialistas lograron mantener viva la especie en cautiverio, mientras avanzan en estrategias que permitan su regreso definitivo. La rana dorada, símbolo nacional panameño, representa hoy tanto un desafío científico como una esperanza para la biodiversidad.
Fuente: EFE.


