Al menos 314 civiles perdieron la vida por bombas de racimo en 2024, lo que representa un aumento del 43% respecto al año anterior, según el informe anual de la alianza de ONG Cluster Monitor Coalition (CMC) publicado este lunes. Este tipo de armamento, cuyo uso está prohibido por la Convención de Oslo de 2008, continúa siendo empleado en conflictos armados en distintas regiones del mundo.
El informe destaca que en conflictos prolongados como el de Ucrania, las bombas de racimo han sido utilizadas tanto por fuerzas rusas como ucranianas, causando al menos 1.200 víctimas. Estos proyectiles se dispersan en el aire en múltiples submuniciones que suelen impactar indiscriminadamente, dejando una alta mortalidad civil incluso después del fin de los enfrentamientos.
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Además de Ucrania, la investigación denuncia incidentes en Birmania (Myanmar) y Siria, mientras que en 2025 Tailandia empleó bombas de racimo durante un breve conflicto fronterizo con Camboya. Israel también reportó ataques de este tipo provenientes de Irán en junio. El informe resalta que este armamento no distingue entre combatientes y población civil.
Los niños constituyen el grupo más afectado: representan el 42% de las víctimas civiles por bombas de racimo en 2024. Expertos advierten que la exposición temprana a este tipo de armamento deja secuelas físicas y psicológicas graves, y subrayan la necesidad de reforzar mecanismos internacionales que prevengan su uso.
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La CMC insta a la comunidad internacional a reforzar los compromisos con la Convención de Oslo y a tomar medidas efectivas para desactivar las zonas contaminadas, brindar asistencia humanitaria y sancionar a quienes continúen utilizando este armamento prohibido. La organización advierte que sin acción inmediata, las cifras podrían seguir aumentando en los próximos años.
Fuente: DW.
Foto: Ed Ram/Getty Images.


