El fuego que arrasó bosques milenarios en la Patagonia este verano no es solo una tragedia ambiental: es una señal clara del cambio climático. Una científica de Puerto Madryn participó en un informe internacional que vincula directamente estos incendios con el calentamiento global.
La doctora Natalia Pessacg, investigadora del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET), integró un equipo de especialistas de siete países que elaboró el estudio «El cambio climático impulsa la destrucción de los árboles más antiguos del mundo». El informe analiza la sequía y las condiciones climáticas extremas que precedieron y facilitaron los incendios ocurridos en Argentina y Chile durante el verano de 2026.
En diálogo con Radio 3, Pessacg explicó que el trabajo se centró en dos regiones: la zona del Parque Los Alerces, afectada por los incendios de enero, y la Región Central de Chile, donde también se registraron siniestros de gran magnitud con pérdidas humanas. Para el análisis, los investigadores utilizaron un índice que combina vientos intensos, temperaturas extremas y condiciones de sequedad, lo que les permitió estimar qué probabilidad habrían tenido estos eventos en un mundo más frío.
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Las conclusiones son contundentes: en las condiciones climáticas actuales, un incendio de esta magnitud podría repetirse cada cinco años, con un 2,5% más de probabilidades respecto a décadas anteriores. La propagación de estos focos está favorecida por las olas de calor y el aumento de las sequías, tendencia que ya se refleja en registros concretos: en enero de 2026, El Bolsón alcanzó 38,4 °C, la temperatura más alta registrada para ese mes, mientras que Esquel acumuló 11 días consecutivos de calor extremo, el segundo período más largo en 65 años.
La investigadora advirtió que estas condiciones no solo van a prevalecer sino que se intensificarán. Los modelos climáticos proyectan una marcada disminución de las precipitaciones en las próximas décadas en las zonas de cabecera de cuencas de los Andes patagónicos. En un mundo 1,3 grados más cálido que en la era preindustrial, fenómenos que antes eran excepcionales se vuelven cada vez más frecuentes.
«La perspectiva es compleja, y eso no tiene que ser paralizante, sino que sirva para tomar medidas», concluyó Pessacg.





