Luego de más de tres años prófugo, Ariel Alberto Sosa, cabecilla del clan narco chaqueño, fue detenido en Villa Fiorito mientras circulaba en una camioneta con pedido de secuestro. Usaba una identidad brasileña falsa y era el único miembro de la familia Sosa que aún permanecía en libertad. Sobre él pesaba una recompensa de 5 millones de pesos, solicitada por la Justicia federal.
El arresto fue posible gracias al sistema de monitoreo de Lomas de Zamora, que detectó una Toyota Hilux negra. Al identificar al conductor, la Policía Bonaerense descubrió que el documento presentado era falso y que se trataba del mayor de los hermanos Sosa, perseguidos por una compleja red de lavado de dinero proveniente del narcotráfico en Roque Sáenz Peña, Chaco.
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La historia criminal de los Sosa no es reciente. Bajo la investigación del fiscal federal Carlos Amad, el clan ha sido vinculado al tráfico de cocaína desde Bolivia y marihuana desde Paraguay. Con fachada de empresa logística, acumulaban propiedades, vehículos y lujos que no podían justificar legalmente. La madre del clan, Ana María Flamenco, y sus otros hijos ya fueron detenidos o accedieron a prisión domiciliaria.
Las andanzas del clan incluyen balaceras, enfrentamientos con bandas rivales como los “Chupa Chichis”, y escándalos que sacudieron a la comunidad chaqueña. Uno de los episodios más violentos ocurrió en 2022, cuando un choque terminó en un tiroteo que incluyó 28 disparos contra una ortopedia local. En otro hecho, una pelea en un boliche dejó heridos y destrozos, revelando el nivel de impunidad con el que actuaban.
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Con la caída de Ariel, se cierra un capítulo importante de esta organización delictiva que sembró el caos durante años. La Justicia ahora avanza en consolidar las pruebas patrimoniales contra el clan para llevarlo finalmente a juicio por lavado de activos y asociación ilícita. La comunidad de Sáenz Peña respira una frágil paz, aunque la investigación aún suma nombres y conexiones.
Fuente: Clarín.


