Caminar no es solo una forma de moverse: también puede ser una poderosa herramienta para evaluar el estado de salud física y mental.
Investigaciones recientes de las universidades de Harvard y Duke revelan que la velocidad al caminar se relaciona directamente con el envejecimiento cerebral y corporal. Cuanto más rápido camina una persona, más joven y saludable tiende a estar su organismo, incluso desde los 40 años.
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Según expertos consultados por BBC Future, caminar implica la coordinación de múltiples sistemas del cuerpo: muscular, nervioso, cardiovascular y óseo. Un ritmo de marcha más lento puede ser una señal temprana de deterioro en cualquiera de ellos. De hecho, estudios demuestran que las personas con menor velocidad al andar presentan cerebros más pequeños y tienen mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cognición reducida y menor expectativa de vida.
Una investigación en adultos mayores de 65 años reveló que quienes caminaban más rápido tenían muchas más probabilidades de vivir diez años más que quienes lo hacían lentamente. Incluso en adultos de 45 años, caminar lento se asocia con signos de envejecimiento acelerado: menor capacidad respiratoria, colesterol más alto y debilidad física generalizada.
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Por fortuna, los especialistas coinciden en que es posible revertir esta tendencia. Aumentar gradualmente el tiempo e intensidad de las caminatas, evitar el sedentarismo y buscar excusas para mantenerse activo (como caminar con mascotas, estacionar más lejos o hacer pausas activas) pueden mejorar no solo la velocidad al caminar, sino también la salud global y cerebral.
En definitiva, medir cuánto y cómo caminamos no solo sirve para calcular pasos, sino que puede ser una herramienta preventiva clave. Incorporar actividad física regular y prestar atención a nuestra marcha puede ser tan importante como cualquier chequeo médico. Caminar más rápido no solo fortalece el cuerpo: también rejuvenece el cerebro.
Fuente: Infobae.


