Un metaanálisis internacional reveló que consumir azúcar en forma líquida, como en jugos y gaseosas, aumenta significativamente las probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2, a diferencia de los azúcares presentes en alimentos sólidos.
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Una reciente investigación internacional liderada por la Universidad Brigham Young (BYU) y publicada en Advances in Nutrition encendió las alarmas sobre el consumo de bebidas azucaradas. El estudio demostró que los azúcares líquidos, presentes en gaseosas, jugos de fruta y bebidas deportivas, están asociados con un incremento sustancial en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Los científicos analizaron los hábitos alimentarios de más de 500.000 personas de distintos continentes y encontraron que cada vaso adicional de 355 ml de bebida azucarada al día aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 en un 25%, mientras que una porción de jugo de fruta de 236 ml lo incrementa un 5%. A diferencia de los azúcares naturales presentes en frutas enteras o cereales, los azúcares líquidos generan un impacto metabólico más agresivo en el hígado, provocando resistencia a la insulina y acumulación de grasa abdominal.
En Argentina, el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) estimó que 639.000 casos de diabetes son atribuibles al consumo de bebidas azucaradas. Estas cifras alarmantes incluyen también 1.310 muertes anuales por diabetes en el país. Las bebidas dulces no solo aumentan el riesgo de esta enfermedad crónica, sino que también están vinculadas a enfermedades cardiovasculares, según un estudio global de la Universidad Tufts publicado en Nature Medicine.
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Los especialistas subrayan que los jugos de fruta, pese a su imagen saludable, no escapan al problema: por su falta de fibra y su alta concentración de azúcar, se comportan de forma similar a las gaseosas. Frente a este panorama, expertos en salud pública proponen medidas como el etiquetado frontal, impuestos al azúcar, restricciones en la publicidad y políticas escolares más estrictas para frenar la epidemia.
Las conclusiones de estos estudios refuerzan la necesidad urgente de repensar lo que bebemos y adoptar hábitos más conscientes para prevenir enfermedades evitables y mejorar la salud pública global.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


