Un estudio global analizó cuándo el mimetismo y los tonos estridentes protegen mejor a las presas frente a los depredadores.
Desde insectos hasta aves y pequeños mamíferos, muchos animales dependen de su apariencia para evitar ser devorados. Mientras algunos se camuflan con el entorno, otros adoptan colores brillantes para advertir toxicidad o mal sabor, una estrategia conocida como aposematismo.
Un amplio estudio internacional puso a prueba estas tácticas en distintos ecosistemas del planeta. Entre 2020 y 2022, más de 50 científicos dispersaron más de 15.000 polillas artificiales en 21 bosques de 16 países, con variaciones de color diseñadas para simular camuflaje o señales de advertencia.
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Las presas simuladas incluyeron modelos marrones, que imitaban la corteza de los árboles; combinaciones naranja y negro, típicas de especies tóxicas; y variantes azul y negro, menos comunes en la naturaleza. El objetivo fue observar cuáles eran atacadas con mayor frecuencia por aves depredadoras.
Los resultados indicaron que el camuflaje funciona mejor en ambientes con alta presión de depredación o poca luz, donde los colores llamativos vuelven a las presas más visibles. En cambio, el aposematismo resulta eficaz cuando los depredadores reconocen y evitan combinaciones cromáticas asociadas a toxicidad, como el naranja y negro.
La investigación concluyó que ninguna estrategia es superior en todos los contextos. Su eficacia depende del comportamiento de los depredadores, la abundancia de presas y las condiciones del entorno, que pueden cambiar con procesos como la deforestación y alterar de forma repentina las ventajas evolutivas.
Con información de WIRED.
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