Durante años circularon mitos sobre cómo cuidar la batería de celulares y computadoras portátiles: no dejarlas enchufadas toda la noche, no usarlas mientras cargan o impedir que lleguen al 100%. Sin embargo, la evolución de los sistemas de gestión energética modificó ese escenario y hoy los dispositivos modernos administran de manera inteligente los ciclos de carga.
En equipos actuales, cuando la batería alcanza el 100%, el sistema deja de cargarla y el dispositivo funciona directamente conectado a la corriente. Esto reduce el desgaste automático que sufrían modelos más antiguos. Aun así, los especialistas coinciden en que mantener el nivel de carga permanentemente al máximo puede generar mayor estrés químico y térmico a largo plazo.
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Por eso, una de las recomendaciones más extendidas es limitar la carga al 80%, función disponible en varias marcas bajo opciones como “modo de conservación” o herramientas de software del fabricante. En el caso de las notebooks de Apple, por ejemplo, las MacBook incorporan sistemas de optimización de carga que aprenden los hábitos del usuario para reducir el tiempo que la batería permanece al 100%.
Mantener el nivel entre el 20% y el 80% ayuda a disminuir el estrés de voltaje y puede prolongar la vida útil medida en ciclos de carga. No obstante, el rendimiento final también depende de variables como la calidad del hardware, los patrones de uso y la temperatura ambiente.
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El calor es uno de los principales enemigos de las baterías de ion-litio. Exponer el equipo a temperaturas elevadas, usar cargadores no certificados o bloquear la ventilación en notebooks puede acelerar el deterioro. Aunque los dispositivos cuentan con sistemas de protección que pueden apagar el equipo ante riesgos, la exposición prolongada a condiciones extremas impacta negativamente en su durabilidad.
Fuente: Infobae.


