En Xochimilco, los agricultores luchan por mantener viva la tradición del cempasúchil frente a lluvias intensas, plagas y pérdidas económicas que amenazan su cultivo ancestral.
MIRÁ TAMBIÉN | Desarrollan un antiveneno que protege contra 17 serpientes
En los canales y tierras fértiles de Xochimilco, al sur de Ciudad de México, florece cada año una de las tradiciones más arraigadas del país: el cultivo de la flor de cempasúchil (Tagetes erecta). Con sus pétalos anaranjados y aroma inconfundible, esta “flor de los muertos” ilumina altares, calles y cementerios durante el Día de Muertos, guiando a las almas hacia los hogares de sus familias.
Sin embargo, detrás de esta postal colorida, los productores enfrentan un panorama incierto. Las lluvias intensas, las sequías prolongadas y las plagas derivadas del cambio climático están afectando gravemente los cultivos. “El exceso de agua pudre las raíces y trae enfermedades. Este año perdimos casi la mitad de la cosecha”, cuenta Lucía Ortiz, productora local de 50 años que lleva tres décadas dedicada al cempasúchil.
A pesar de las dificultades, el amor por la tradición empuja a los agricultores a seguir adelante. Según datos del Gobierno mexicano, las lluvias extremas destruyeron más de 37.000 hectáreas de cultivos en el país, pero este 2025 se logró un récord de seis millones de plantas de cempasúchil, gracias al esfuerzo de las familias productoras que buscaron cubrir la alta demanda de la temporada.
MIRÁ TAMBIÉN | Agustín Rossi habló sobre su salida de Boca
El cultivo no solo tiene un valor simbólico, sino también económico: se espera que los agricultores obtengan alrededor de 2,7 millones de dólares por las ventas de este año. No obstante, muchos reconocen que las pérdidas superan las ganancias debido al aumento en el costo de insecticidas, fertilizantes y mano de obra. “Si viera todo lo que perdimos, no querría seguir cultivando. Pero esto no puede desaparecer”, lamenta Ortiz.
Ante este panorama, científicos y autoridades buscan alternativas sostenibles. La bióloga Clara Soto Cortés, jefa del banco de semillas Toxinachcal, trabaja en la recuperación de variedades nativas de cempasúchil, más resistentes a los cambios del clima. “Las semillas híbridas importadas son más uniformes, pero menos fuertes. Las nativas tienen una diversidad genética que les permite adaptarse mejor”, explica.
MIRÁ TAMBIÉN | Mario Pergolini regresa a Rock & Pop por los 40 años
El objetivo es devolver a los agricultores locales las semillas tradicionales, capaces de sobrevivir en distintas condiciones de humedad, altitud e infestaciones. Para productores como Carlos Jiménez, estas iniciativas representan una esperanza. “Queremos construir invernaderos y usar semillas nativas. No solo por el negocio, sino por nuestra cultura. Esta flor representa a nuestros ancestros”, afirma.
Mientras México celebra el Día de Muertos, los campos de Xochimilco siguen luchando para mantener viva una tradición que une el pasado y el presente. La supervivencia del cempasúchil ya no depende solo de las manos que la cultivan, sino también de la capacidad de adaptación ante un clima cada vez más impredecible.
Fuente y foto: DW


