En Suiza, un grupo de científicos liderado por Fred Jordan, cofundador del laboratorio FinalSpark, avanza en un proyecto que parece sacado de la ciencia ficción: la creación de minicerebros humanos para impulsar computadoras. Estos organoides, derivados de células madre de piel humana, se desarrollan en laboratorios para formar pequeños núcleos de neuronas que pueden conectarse a electrodos y procesar información.
El proceso comienza con células madre adquiridas de proveedores oficiales y anónimos. Tras varios meses de cultivo, los organoides se preparan para recibir señales eléctricas enviadas desde un ordenador, simulando interacciones básicas que podrían algún día permitirles aprender tareas complejas. «Cuando empiezas a decir: ‘Voy a usar una neurona como una maquinita’, se trata de una visión diferente de nuestro propio cerebro y te hace cuestionar qué somos», comenta Jordan.
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Mantener estos bioordenadores representa un gran desafío. A diferencia de los chips tradicionales, los organoides carecen de vasos sanguíneos que los nutran, lo que limita su vida útil a unos pocos meses. Aun así, los investigadores han registrado patrones de actividad sorprendentes antes de su muerte, similares a algunos fenómenos observados en cerebros humanos al final de la vida, lo que abre interrogantes éticos y científicos.
Aunque el proyecto aún se encuentra en fase experimental, sus aplicaciones potenciales son variadas. Desde mejorar la eficiencia energética de los centros de datos hasta complementar estudios de inteligencia artificial y modelado de enfermedades neurológicas, los minicerebros prometen transformar la bioinformática. Investigadores de Estados Unidos y Australia trabajan en líneas similares, usando organoides para estudiar el Alzheimer, el autismo y otras patologías.
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Para Jordan, la fascinación por la ciencia ficción impulsa el proyecto: «Siempre he sido fan de la ciencia ficción. Cuando veo una película o un libro, siento que ahora estoy dentro del libro, escribiéndolo». Aunque el silicio seguirá siendo el material dominante en la informática, los organoides podrían abrir un nicho de biocomputación que combine ética, ciencia y creatividad tecnológica.
Fuente: BBC News.


