Un estudio internacional confirmó la presencia de partículas plásticas en larvas del único insecto propio del continente, lo que evidencia el alcance global de la contaminación.
Un equipo de investigadores descubrió microplásticos en larvas de un insecto que habita exclusivamente en la Antártida, lo que refuerza la preocupación por la expansión de la contaminación incluso en los lugares más remotos del planeta. El trabajo fue liderado por especialistas del University of Kentucky Martin-Gatton College of Agriculture, Food and Environment y marca un precedente en el estudio del impacto ambiental en ecosistemas polares.
La investigación comenzó en 2020 impulsada por el doctorando Jack Devlin, quien se preguntó si la polución plástica también alcanzaba regiones consideradas casi vírgenes. El estudio se enfocó en la especie Belgica antarctica, un pequeño mosquito no picador que cumple un rol clave en el reciclaje de nutrientes del suelo.
Para comprobar los efectos de los microplásticos, los científicos realizaron ensayos controlados y luego analizaron ejemplares recolectados en su hábitat natural. Aunque no se detectaron cambios inmediatos en la supervivencia ni en el metabolismo básico de las larvas, se observaron reservas de grasa más bajas en los individuos expuestos a mayores concentraciones de plástico.
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La segunda etapa incluyó la recolección de muestras en distintos puntos de la Península Antártica. El análisis del contenido intestinal se realizó con tecnología avanzada en colaboración con la especialista Elisa Bergami, de la Universidad de Módena y Reggio Emilia, y el investigador Giovanni Birarda, del Elettra Sincrotrone Trieste.
De las 40 larvas examinadas, se identificaron dos fragmentos de microplástico. Si bien el número parece bajo, los científicos consideran que se trata de una señal temprana de contaminación que podría intensificarse con el tiempo, especialmente frente al cambio climático y al aumento de la actividad humana en la región.
El hallazgo confirma que las partículas plásticas llegan al continente a través de corrientes marinas, el viento y la presencia de embarcaciones e instalaciones científicas. Los investigadores advierten que será necesario continuar con estudios a largo plazo para comprender cómo la exposición sostenida podría afectar a estos organismos y al delicado equilibrio del ecosistema polar.
Con información de Cadena 3.


