Foto: LucBeltramino (Patagonia Azul).
Un equipo encabezado por el investigador del CONICET Mariano Coscarella utiliza tecnología satelital para seguir los movimientos de estos cetáceos y conocer su recorrido migratorio, luego de confirmar que la región es una de sus principales áreas de alimentación.
La recuperación de la población de ballena sei en el Golfo San Jorge abrió un nuevo capítulo para la investigación científica en Chubut. Un equipo encabezado por el investigador del CONICET Mariano Coscarella utiliza tecnología satelital para seguir los movimientos de estos cetáceos y conocer su recorrido migratorio, luego de confirmar que la región es una de sus principales áreas de alimentación.
El proyecto reúne a especialistas del CONICET, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), la NOAA y Rewilding Argentina. Según explicó Coscarella, las ballenas permanecen entre octubre y junio en las aguas comprendidas entre Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, donde encuentran las condiciones ideales para satisfacer sus necesidades alimenticias antes de iniciar su migración.
Con el objetivo de descubrir dónde se reproducen, los investigadores colocaron este año tres transmisores satelitales de larga duración sobre distintos ejemplares. «La información que obtengamos nos permitirá comprender mucho mejor el recorrido completo de la especie y los sitios que utiliza durante su migración», destacó el especialista, quien señaló que dos de las ballenas ya transmiten datos en tiempo real desde las costas del sur de Brasil.
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Los estudios también permitieron determinar que los animales se concentran en una franja ubicada entre 30 y 40 kilómetros de la costa, principalmente en el sector comprendido entre el norte de Comodoro Rivadavia y el sur de Caleta Olivia. Esa zona presenta una elevada productividad biológica que atrae a numerosas especies marinas y convierte al Golfo San Jorge en un ecosistema clave para la conservación.
Los datos obtenidos fortalecen la posibilidad de impulsar futuras medidas de protección para este hábitat. Los investigadores consideran que comprender el uso que las ballenas hacen del área será fundamental para diseñar estrategias de conservación e incluso evaluar la creación de un área marina protegida que preserve este corredor biológico.
Coscarella también resaltó las dificultades que implica trabajar en el Golfo San Jorge, donde las condiciones de navegación suelen ser similares a las del océano abierto. «Uno intenta estar preparado con todo y, por supuesto, tener un equipo de apoyo que es realmente invaluable», afirmó, al destacar el aporte de los navegantes locales y señalar que la experiencia adquirida también podría sentar las bases para el desarrollo del avistaje turístico de ballenas sei en el sur de Chubut.


