Ricas en calcio y minerales esenciales, las cáscaras de huevo ofrecen una alternativa ecológica y económica para nutrir el suelo, fortalecer las plantas y protegerlas de babosas y caracoles.
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Lo que suele terminar en la basura podría ser el secreto de un jardín más sano y vigoroso. Las cáscaras de huevo, compuestas mayormente por carbonato cálcico, se están posicionando como una herramienta clave en la jardinería sostenible gracias a su capacidad para fertilizar y proteger las plantas de forma natural.
Cada vez más personas recurren a métodos caseros para cuidar sus huertas y jardines, y las cáscaras de huevo encajan perfectamente en esta tendencia. Según los especialistas del Proyecto Cultivos Urbanos, existen tres formas prácticas de aprovecharlas: trituradas, en forma de harina o como infusión líquida. Cada método permite una liberación progresiva de nutrientes esenciales como el calcio, el magnesio y el fósforo, que fortalecen las paredes celulares de las plantas y promueven una floración más saludable.
Pero eso no es todo. Las cáscaras también actúan como un eficaz insecticida natural. Su textura rugosa resulta incómoda para babosas y caracoles, que evitan acercarse a las plantas rodeadas por estos fragmentos, reduciendo así la necesidad de pesticidas químicos.
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Además de su valor nutricional, las cáscaras de huevo ayudan a regular el pH del suelo, haciéndolo más alcalino, lo que beneficia a muchas especies vegetales. Este doble impacto —nutritivo y protector— convierte a este residuo doméstico en un recurso ecológico de gran valor para quienes buscan un jardín más verde y sostenible.
Con solo unos pasos simples, cualquiera puede transformar sus desechos en un recurso valioso, cuidando tanto de sus plantas como del planeta.
Fuente: Infobae
Foto: Infocampo


