Casi el 10% de los alumnos de colegios secundarios de la Ciudad de Buenos Aires «vapea», y más del 40% estaría dispuesto a probarlo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre las graves consecuencias de este fenómeno, al cual se lo describe como una «moda peligrosa que enciende las alarmas de la salud pública», según la Fundación Internacional del Corazón.
El cigarrillo electrónico, popular entre los adolescentes, comenzó como una herramienta para dejar de fumar, pero ha encontrado un terreno fértil entre los jóvenes. Muchos empiezan a usarlo sin haber fumado cigarrillos tradicionales. «Es una moda que se difunde rápidamente entre los adolescentes», comentó la pediatra Evangelina Cueto. La atracción hacia este dispositivo se debe en parte a la amplia gama de sabores que ofrece y a la promoción constante por parte de influencers en redes sociales.
Según la OMS, los cigarrillos electrónicos se promocionan a través de personajes populares y figuras públicas, creando una percepción equivocada sobre su seguridad. «Los jóvenes los ven como algo inofensivo, debido a la falta de consecuencias visibles inmediatas», señala Cueto. Esto crea un ciclo en el cual el consumo sigue creciendo, alimentado por la percepción errónea de que los vapers son menos dañinos que los cigarrillos tradicionales.
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Un factor clave que contribuye al aumento de su consumo es la creencia generalizada de que los cigarrillos electrónicos son una alternativa más «segura» a los cigarrillos tradicionales. Sin embargo, la OMS ha alertado que no solo no hay pruebas de que estos dispositivos sean efectivos para dejar de fumar, sino que incluso aumentan la probabilidad de que los jóvenes comiencen a fumar cigarrillos convencionales.
La nicotina contenida en los vapers es perjudicial para los adolescentes, ya que interfiere con el desarrollo del cerebro, lo que puede generar problemas de aprendizaje y trastornos de ansiedad. «Es un error pensar que los cigarrillos electrónicos son inofensivos. Además de la nicotina, los vapers contienen sustancias que afectan la salud pulmonar», afirmó Evangelina Cueto.
En 2018, la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes reveló que el 7,1% de los estudiantes de secundaria entre 13 y 15 años consumían cigarrillos electrónicos, mientras que el 14,4% los había probado alguna vez. Los datos más recientes de la Fundación Internacional del Corazón en 2023 muestran un incremento del 8,9% en el consumo actual entre los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires, lo que refleja una tendencia alarmante en el consumo de vapers.
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La encuesta también reveló que el 69% de los adolescentes comenzó a usar cigarrillos electrónicos porque alguien se lo ofreció, y el 47,7% expresó que estaría dispuesto a probarlos en el futuro. Estos números destacan la importancia de abordar este problema desde una perspectiva de prevención, tanto a nivel familiar como social.
En Argentina, la venta y publicidad de cigarrillos electrónicos está prohibida desde 2011 por la ANMAT, aunque las dificultades para controlar su consumo entre menores de 18 años persisten. A nivel mundial, la OMS ha recomendado que los países que permiten la venta de cigarrillos electrónicos implementen regulaciones más estrictas, especialmente en lo que respecta a los sabores, la concentración de nicotina y la comercialización dirigida a menores de edad.
Fuente: TN


