El régimen cubano admitió que 21 de las víctimas son menores de edad y reconoció un fuerte subregistro de casos debido al colapso del sistema de salud y la falta de recursos básicos.
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El brote de chikunguña y dengue en Cuba tomó un giro alarmante este lunes con la confirmación oficial de 33 muertes, de las cuales 21 corresponden a menores de edad, tres semanas después de que el Gobierno declarara la emergencia epidemiológica. Según datos del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), 21 fallecimientos se atribuyen a chikunguña —incluidos 14 niños— y 12 al dengue, con siete menores entre las víctimas.
La confirmación se produjo tras semanas de cuestionamientos por parte de activistas, especialistas y medios independientes, que habían denunciado falta de transparencia en la difusión de los datos oficiales sobre el impacto del brote. El Gobierno reconoció además que continúa la circulación amplia de ambas arbovirosis y que, hasta el momento, no hay resultados positivos en el control del brote, que crece en un contexto sanitario y económico crítico.
El país enfrenta la expansión acelerada de los virus en medio de una grave crisis económica que limita las tareas de fumigación, obstaculiza el acceso a pruebas diagnósticas y afecta la atención médica por escasez de medicamentos.
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La acumulación de basura en las calles, producto de la falta de combustible y camiones recolectores, favorece la proliferación del Aedes aegypti, mosquito transmisor de ambas enfermedades. Las campañas estatales de fumigación también se redujeron por la ausencia de insumos químicos, personal especializado y recursos logísticos.
De acuerdo con el MINSAP, solo la semana pasada se registraron 5.717 nuevos casos de chikunguña, lo que eleva a 38.938 el total de contagios desde el inicio del brote, casi la mitad de ellos durante noviembre. Actualmente, 93 pacientes están en estado grave, en su mayoría menores de edad.
En el caso del dengue, el Gobierno confirmó su presencia en 14 de las 15 provincias, aunque no actualizó la cifra de contagios, que hasta principios de noviembre superaba los 9.602 casos. Ante la falta de pruebas de laboratorio, los diagnósticos se realizan mayormente por evaluación sintomática, lo que aumenta el riesgo de subregistro.
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La dictadura reconoció que muchos enfermos no acuden a hospitales debido a la escasez de medicamentos y al colapso del sistema sanitario, que entre 2021 y 2024 perdió 29 % de sus médicos y 17 % de su personal de enfermería, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
En una intervención televisada, el director nacional de Epidemiología, Francisco Durán, admitió que Cuba enfrenta la epidemia con “carencias de personal y equipo”, dificultades que complican la contención del brote en un país que atraviesa uno de los momentos sanitarios más críticos de su historia reciente.
Fuente y foto: Infobae


