Un estudio internacional reveló que distintas especies de mariposas y polillas desarrollaron patrones similares utilizando los mismos mecanismos genéticos durante más de 120 millones de años.
Una investigación publicada en PLOS Biology aportó nuevas evidencias sobre cómo funciona la evolución. Científicos comprobaron que diferentes especies de mariposas y polillas lograron desarrollar patrones de color casi idénticos reutilizando los mismos genes a lo largo de millones de años.
El trabajo fue llevado adelante por especialistas de instituciones como el Instituto Wellcome Sanger y la Universidad de York, quienes analizaron el ADN de múltiples especies para entender cómo se originan estos rasgos compartidos.
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Los resultados muestran un caso de evolución convergente, donde organismos no emparentados desarrollan características similares. En este caso, los patrones de color funcionan como una estrategia de supervivencia frente a depredadores.
Según explicó la investigadora Joana Meier, “estas mariposas, lejanamente emparentadas, son tóxicas y de sabor desagradable para las aves que intentan comerlas”. Por eso, compartir colores de advertencia aumenta sus posibilidades de supervivencia.
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El análisis identificó que los genes llamados ivory y optix cumplen un rol clave. Estos no generan directamente los colores, sino que regulan cómo y dónde se distribuyen los pigmentos en las alas, produciendo combinaciones similares en distintas especies.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que incluso especies separadas por más de 120 millones de años, como ciertas polillas y mariposas, utilizan mecanismos genéticos casi idénticos para lograr estos patrones.
Los investigadores concluyeron que la evolución puede ser más predecible de lo que se pensaba. “La evolución puede ser sorprendentemente predecible”, señaló el científico Kanchon Dasmahapatra, al destacar que existen caminos genéticos limitados para adaptarse a condiciones similares.
Fuente: WIRED.
Foto: Pexels/Yuanda «Darian» Shen.


