Un fósil de 247 millones de años muestra un reptil arborícola con estructuras similares a plumas, mucho antes de los dinosaurios, evidenciando una evolución convergente y ampliando la comprensión sobre la diversidad de reptiles antiguos.
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Hace aproximadamente 247 millones de años, un extraño reptil de solo 15 centímetros de largo trepaba por ramas con una cola prensil y patas adaptadas para aferrarse, mientras una cresta rígida y colorida, similar a plumas, sobresalía de su espalda. Este animal, que existió 100 millones de años antes del primer dinosaurio volador, acaba de ser identificado gracias a un reciente hallazgo fósil publicado en Nature.
El equipo de paleontólogos que estudió los restos bautizó al nuevo reptil como Mirasaura grauvogeli, un miembro del grupo de los drepanosaurios, reptiles con características únicas que incluyen cráneos con picos similares a aves, ojos grandes y cuerpos adaptados a la vida arbórea.
Lo que sorprende es la estructura en forma de cresta de queratina, con pigmentos originales que indican que tenía coloración viva. Aunque semejante a las plumas, esta cresta tiene una composición y organización distinta, lo que indica que tales apéndices evolucionaron de manera independiente y más temprana de lo que se creía, mucho antes de que las aves o los mamíferos existieran.
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Este hallazgo resuelve un antiguo enigma paleontológico relacionado con el reptil Longisquama, descubierto en los años 70 y también portador de estructuras plumosas poco comprendidas. Los investigadores ahora confirman que Longisquama también pertenecía a la familia de los drepanosaurios, aclarando así su lugar en el árbol evolutivo.
El descubrimiento implica que la capacidad de desarrollar adaptaciones tegumentarias complejas, como plumas o estructuras similares, estuvo presente en reptiles muy antiguos, reflejando un ejemplo extraordinario de evolución convergente.
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Steve Brusatte, renombrado paleontólogo, califica el hallazgo como “el ejemplo más asombroso de evolución convergente” que ha visto, y destaca que estos reptiles no imitaban a las aves, sino que tenían características similares de forma independiente.
Los detalles del estudio sugieren que estas crestas rígidas, posiblemente sensibles y coloridas, cumplían funciones de exhibición o comunicación, aportando una visión revolucionaria sobre la diversidad y complejidad de los reptiles prehistóricos.
Fuente y foto: National Geographic


