Un gusano marino llamado Baseodiscus el Mayor, mascota de laboratorio de un biólogo estadounidense, se convirtió en un hallazgo científico excepcional al ser identificado como el nemertino más longevo jamás documentado.
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En los laboratorios de biología marina no es común que una mascota termine protagonizando un descubrimiento científico. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió con Baseodiscus el Mayor, un gusano cinta de casi un metro de longitud que ha acompañado durante más de dos décadas la carrera del biólogo Jon Allen, profesor del College of William & Mary, en Estados Unidos.
Según un estudio publicado en la revista Journal of Experimental Zoology, el ejemplar —conocido cariñosamente como “B”— tiene al menos 26 años, aunque los investigadores estiman que su edad real podría acercarse a los 30. Esto lo convierte en el gusano cinta más longevo jamás registrado en la literatura científica, superando ampliamente el récord previo documentado en laboratorio, que no pasaba de los tres años.
La estimación fue posible gracias a una colaboración entre Allen y su exalumna Chloe Goodsell, quien impulsó el análisis genético de una muestra de tejido enviada a la especialista Svetlana Maslakova, del Instituto de Biología Marina de Oregón. El estudio confirmó no solo su sorprendente longevidad, sino también su pertenencia a la especie Baseodiscus punnetti, de la cual existen muy pocos registros genéticos.
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Los gusanos cinta, o nemertinos, son invertebrados marinos depredadores que habitan los ecosistemas bentónicos. Hasta ahora, su expectativa de vida era prácticamente desconocida. El caso de B obliga a revisar por completo lo que se sabía sobre la longevidad del grupo, y sugiere que estos animales pueden desempeñar un papel ecológico mucho más estable y duradero del que se creía.
La historia del gusano también es inusual. Allen lo “adoptó” en 2005, cuando aún era estudiante de doctorado, tras una reestructuración de laboratorios en la Universidad de Carolina del Norte. Desde entonces, el animal lo acompañó en sus traslados académicos por distintos estados del país, convirtiéndose en un habitual de las clases y prácticas universitarias.
Durante años, B no formó parte de ninguna investigación formal. Recién cuando surgió la pregunta sobre su edad, los científicos avanzaron en los análisis que revelaron su extraordinaria longevidad. La dificultad principal es que los nemertinos carecen de estructuras duras o marcas de envejecimiento, por lo que no existen métodos anatómicos tradicionales para calcular cuántos años viven.
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Más allá de lo anecdótico, el hallazgo abre nuevas preguntas sobre los ecosistemas marinos de fondo, donde estos animales actúan como depredadores. Si los gusanos cinta pueden vivir varias décadas, su impacto ecológico acumulado podría ser mucho mayor al estimado hasta ahora.
Mientras los investigadores analizan las implicancias del descubrimiento, Allen mantiene una expectativa simple: que su veterano compañero de laboratorio continúe con vida. El caso de Baseodiscus el Mayor no solo amplía el conocimiento sobre los invertebrados marinos, sino que también recuerda que incluso en los tanques más comunes aún pueden esconderse historias capaces de reescribir lo que la ciencia da por sabido.
Fuente y foto: DW


