Investigadores de la Universidad de Texas han hecho un descubrimiento fascinante sobre el mundo microscópico de las bacterias: tienen memoria. Aunque carecen de neuronas y sistema nervioso, las bacterias, en este caso la E.coli, utilizan niveles de hierro para almacenar información sobre comportamientos pasados, transmitiendo estos «recuerdos» a las generaciones futuras.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, revela que las bacterias pueden formar estrategias como la resistencia a antibióticos y la formación de enjambres, y luego activar estas estrategias en respuesta a estímulos específicos. Este hallazgo tiene aplicaciones potenciales para combatir infecciones bacterianas y abordar la creciente resistencia a los antibióticos.
Aunque las bacterias no tienen cerebro, su capacidad para recoger información del entorno y almacenarla para su propio beneficio podría transformar nuestra comprensión de cómo interactuamos con estos microorganismos. Souvik Bhattacharyya, autor principal del estudio, destaca la importancia de entender estos procesos para desarrollar estrategias efectivas contra infecciones.
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Este descubrimiento plantea preguntas fascinantes sobre cómo las bacterias pueden adaptarse y evolucionar en respuesta a su entorno, y cómo podemos aprovechar este conocimiento para proteger la salud humana en un mundo cada vez más amenazado por la resistencia bacteriana.
Fuente: Diario Hoy


