El teniente general Ígor Kirílov, líder de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia, falleció el pasado 17 de diciembre junto a su asistente Iliá Polikárpov. Ambos murieron en Moscú debido a la detonación de un artefacto explosivo colocado en un scooter eléctrico, un acto que las autoridades han calificado como atentado.
Según la vocera Svetlana Petrénko, el detenido confesó haber sido reclutado por los servicios especiales ucranianos para perpetrar el ataque, prometiéndole una recompensa de 100.000 dólares y ayuda para emigrar a Europa.
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El sospechoso colocó el artefacto explosivo en el scooter estacionado frente a la residencia de Kirílov. Además, instaló una cámara en un auto compartido cercano para transmitir en tiempo real la escena del atentado a sus organizadores en Dnepr, Ucrania. Al observar la salida del general ruso y su ayudante, detonó la bomba a distancia.
El detenido enfrenta cargos por asesinato, terrorismo, tráfico y fabricación ilegal de armas según el Código Penal ruso. Podría ser condenado a cadena perpetua. Por su parte, las autoridades han anunciado que los organizadores ucranianos del ataque serán localizados y castigados.
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Medios internacionales, como Reuters y The Kyiv Independent, informaron que el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) estaría detrás de la organización del atentado. Mientras tanto, las autoridades rusas continúan investigando para identificar a más implicados en este crimen que conmocionó a Moscú.
Fuente: RT.
Maxim Blinov / Sputnik.


