La fecha recuerda la fundación de la Asociación Argentina de Musicoterapia en 1966, que impulsó la primera carrera universitaria de la disciplina en Latinoamérica.
Cada 23 de julio se celebra en todo el país el Día del Musicoterapeuta, en homenaje a los profesionales que promueven el mejoramiento de la salud y la calidad de vida de sus pacientes mediante experiencias con el sonido y la música.
La fecha recuerda un hito histórico: el 23 de julio de 1966, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, se realizó el acto de fundación de la Asociación Argentina de Musicoterapia (ASAM), impulsada por el Dr. Ronaldo Benenzón. Fue la primera institución de su tipo en Latinoamérica y dio origen a la primera carrera universitaria de musicoterapia de la región, que comenzó a dictarse en 1967 en la Universidad del Salvador. Ya en 1968 se realizaron en el país las Primeras Jornadas Latinoamericanas de Musicoterapia, con la participación de invitados de Brasil, Perú, Chile, Uruguay y Venezuela.
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La profesión está regulada en Argentina por la Ley Nacional N° 27.153, que la define como «la aplicación, investigación, evaluación y supervisión de técnicas y procedimientos en los que las experiencias con el sonido y la música operan como mediadores, facilitadores y organizadores de procesos saludables para las personas y su comunidad». El título de grado de Licenciado en Musicoterapia requiere entre 4 y 5 años de estudio, con prácticas en hospitales neuropsiquiátricos, hospitales generales, escuelas de educación especial y centros de estimulación temprana.
La musicoterapia puede ser activa —cantar, improvisar, tocar instrumentos— o receptiva —escucha guiada—. No busca enseñar música, sino utilizarla como herramienta para mejorar la salud mental, física y social. Sus beneficios están respaldados por evidencia científica: reduce los niveles de cortisol, regula la respiración y el ritmo cardíaco, disminuye la ansiedad en pacientes hospitalizados y estimula la neuroplasticidad, favoreciendo la memoria y la atención, especialmente en personas con demencia.
La musicoterapia se aplica en una amplia variedad de situaciones: trastornos del lenguaje, enfermedades neurológicas, deterioros cognitivos y conductuales, dificultades en la lectura, discapacidades intelectuales y motoras, autismo, Alzheimer, ansiedad y depresión, entre otras. Los métodos incluyen la improvisación musical, la escucha y reflexión de canciones, o la sonorización de situaciones cotidianas, siempre adaptados a los intereses y necesidades de cada paciente.


