Una revisión publicada por investigadores de Singapur plantea que gran parte del estrés, la ansiedad y la sensación de competencia permanente podrían explicarse por un desajuste entre el cerebro que heredamos y las exigencias de la vida moderna.
Aunque la tecnología y la conectividad transformaron la vida cotidiana, el cerebro humano sigue respondiendo con mecanismos desarrollados hace miles de años para sobrevivir en pequeños grupos. Esa es la base de la denominada «hipótesis del desajuste evolutivo social y la competencia», presentada por el psicólogo Jose Yong, de la Universidad James Cook de Singapur, y la investigadora Sarah Chan, del Centro Lee Kuan Yew para Ciudades Innovadoras. Según los autores, el entorno actual exige respuestas para las que nuestra evolución biológica no estaba preparada.
La revisión, publicada en la revista Behavioral Sciences, sostiene que la vida en grandes ciudades, la exposición permanente a redes sociales y la comparación constante con otras personas pueden potenciar el estrés y la sensación de insuficiencia. Los investigadores explican que mecanismos que antes ayudaban a encontrar un lugar dentro de una comunidad reducida hoy permanecen activos frente a miles de estímulos diarios, alimentando una competencia que parece no tener fin.
Los especialistas también advierten que este fenómeno podría estar relacionado con el aumento de problemas de salud mental, especialmente entre los jóvenes. La presión por alcanzar éxito económico, reconocimiento social o determinados estándares de vida, sumada a la incertidumbre provocada por crisis globales, pandemias, el cambio climático y el avance de la inteligencia artificial, conforma un escenario que incrementa el riesgo de ansiedad, depresión y otras dificultades emocionales.
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Otro aspecto señalado por la investigación es el impacto de las redes sociales, donde indicadores como la cantidad de seguidores o los «me gusta» funcionan como parámetros permanentes de comparación. Para los autores, este proceso puede intensificar la percepción de desigualdad y frustración, al exponer a las personas a modelos de éxito difíciles de alcanzar y, muchas veces, alejados de la realidad cotidiana.
Frente a este panorama, los investigadores aclaran que la solución no consiste en regresar a formas de vida del pasado, sino en adaptar el entorno a las características del ser humano. Entre las propuestas mencionan el desarrollo de ciudades con más espacios verdes, comunidades que favorezcan vínculos estables y plataformas digitales que reduzcan la presión por la comparación social.
Como conclusión, los científicos sostienen que comprender este posible desajuste evolutivo podría cambiar la forma de abordar el bienestar psicológico. En lugar de responsabilizar únicamente a las personas por adaptarse a un contexto cada vez más exigente, plantean la necesidad de diseñar sociedades y políticas que contemplen cómo funciona realmente la mente humana y promuevan entornos más saludables.
Con información de DW.


