El 21 de junio se celebra el Día Internacional del Sol, y este año la estrella atraviesa su período de mayor actividad en el ciclo solar 25, lo que genera espectaculares auroras pero también riesgos para satélites y sistemas eléctricos.
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Cada 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de verano en el hemisferio norte, se conmemora el Día Internacional del Sol, una fecha dedicada a destacar la importancia vital de esta estrella para el planeta. En 2025, la celebración se da en un momento particularmente crítico: el Sol se encuentra en el pico de su ciclo de actividad, lo que genera fenómenos tan fascinantes como peligrosos.
Durante el máximo solar del ciclo 25, que se extenderá hasta 2030, aumentan las tormentas solares, eyecciones de masa coronal y manchas solares. Estos eventos impactan directamente sobre la Tierra: desde auroras en latitudes inusuales hasta perturbaciones graves en sistemas satelitales, navegación aérea y redes eléctricas.
Según explicó el astrónomo Diego Bagú, estas tormentas se producen cuando partículas de alta energía liberadas por el Sol interactúan con el campo magnético terrestre, generando descargas geomagnéticas visibles y potencialmente destructivas. Claudio Martínez, también astrónomo, advirtió que las eyecciones solares pueden «quemar la electrónica de los satélites».
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Las consecuencias no son teóricas: en abril, una secuencia de tormentas solares afectó las comunicaciones y causó interrupciones eléctricas en varias regiones del hemisferio norte. Las autoridades meteorológicas y espaciales de EE.UU. advierten sobre un incremento en la frecuencia e intensidad de estos fenómenos, lo que obliga a mejorar la vigilancia solar.
En ese sentido, misiones como Solar Orbiter (ESA y NASA) y el nuevo instrumento CODEX de la NASA, instalado en la Estación Espacial Internacional, han permitido avances inéditos. CODEX genera eclipses artificiales para observar la corona solar y medir en tiempo real la temperatura y velocidad del viento solar. Este tipo de monitoreo será clave para anticipar tormentas y reducir riesgos tecnológicos.
Además del monitoreo, el Día Internacional del Sol también impulsa la reflexión sobre su potencial como fuente de energía renovable, especialmente en regiones donde su aprovechamiento sigue siendo bajo.
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El Sol, una estrella mediana nacida hace 4.600 millones de años, representa el 99,8% de la masa del sistema solar. Su campo gravitacional mantiene unidos a los planetas y su energía sostiene todos los procesos vitales en la Tierra. Sin embargo, su comportamiento extremo también puede alterar la vida cotidiana en el planeta.
La evolución del Sol, su composición rica en hidrógeno y helio, y su capacidad de emitir plasma a 15 millones de grados centígrados en el núcleo, son objeto de estudio permanente. Entenderlo a fondo no es solo una cuestión de curiosidad científica, sino una necesidad urgente para proteger las infraestructuras globales en plena era digital.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


