Según el informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi la mitad de los argentinos vive en condiciones de pobreza, con cifras que superan los niveles de 2023. La infancia y el empleo informal son los sectores más golpeados por la crisis.
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En el tercer trimestre de 2024, el 49,9% de la población argentina vivió en situación de pobreza, mientras que el 12,3% se encuentra en la indigencia, de acuerdo con estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). Aunque estas cifras representan una ligera disminución respecto al trimestre anterior, siguen siendo las más elevadas desde 2004. La leve mejoría, según el director del ODSA, Agustín Salvia, se debe a la desaceleración de la inflación y a la estabilidad del empleo. Sin embargo, el impacto no se traduce en el poder adquisitivo de los hogares, afectados por aumentos en servicios esenciales.
El análisis del ODSA refleja también una situación crítica para los niños y adolescentes: el 65,5% de los menores de 18 años vive en pobreza, una cifra superior al 62,9% registrado en 2023. En términos de indigencia infantil, los niveles subieron al 19,2%. Esto implica un serio retroceso en términos de capital humano y genera preocupación por el futuro de la sociedad argentina, dado que estos índices se asemejan a los registrados durante la crisis de 2002.
Por otro lado, el informe destaca la precarización laboral como uno de los principales problemas estructurales. Aunque la desocupación disminuyó, el empleo informal y de subsistencia sigue en aumento. Sólo el 40% de los trabajadores cuenta con empleos plenos y con aportes a la seguridad social, mientras que los ingresos laborales reales cayeron un 19% en promedio desde 2022. Estas cifras muestran la creciente desigualdad en el mercado laboral y el debilitamiento de los ingresos formales frente a los informales.
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En este contexto, las ayudas sociales se han vuelto cruciales para amortiguar la crisis. El 36,3% de los hogares recibe algún tipo de apoyo estatal, siendo los programas más destacados la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar. No obstante, la inseguridad alimentaria alcanzó al 24,3% de la población, consolidando una tendencia ascendente desde 2018.
Pese a las dificultades actuales, el informe cierra con una proyección optimista: se espera que las tasas de pobreza e indigencia continúen bajando en los próximos trimestres, siempre y cuando se mantenga la desaceleración de la inflación y el empleo informal no siga en aumento. Sin embargo, los desafíos estructurales, como la inequidad en el mercado laboral y la pérdida de poder adquisitivo, exigen medidas de fondo para lograr una recuperación sostenible.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


