Maximiliano Bagilet recorrió Transnistria, un enclave separatista no reconocido por la ONU, donde todo parece detenido en la Unión Soviética: sin lujo, sin pobreza visible y con fuerte impronta comunista, vive una experiencia que desafía la lógica de cualquier otro destino turístico.
Transnistria es una nación que no figura en mapas oficiales, pero opera como tal. Entre Moldavia y Ucrania, este territorio declaró su independencia en 1990, aunque no fue reconocido por ningún organismo internacional. Sin embargo, tiene gobierno, bandera, moneda, ejército y fronteras propias. El rosarino Maximiliano Bagilet, que lleva meses recorriendo Europa del Este, llegó hasta su capital, Tiráspol, y lo que encontró fue, según él mismo lo describe, «una Unión Soviética que aún vive».
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El ingreso fue insólito: no le sellaron el pasaporte, pero le dieron un ticket-visa. «Todo el trámite es en la frontera y gratuito», explicó. En Tiráspol, encontró calles limpias, edificios bien conservados y una estética comunista intacta. “Todo parece de los años ’50: desde las estatuas de Lenin, los murales de cosechas agrícolas, hasta los cafés con periódicos soviéticos y platos típicos servidos por mozas vestidas como en la URSS”, contó.
Según Maxi, no se ven villas ni indigencia, pero tampoco hay lujos. “Todos tienen lo justo. No hay clases sociales visibles. Nadie ostenta. Es un modelo socialista, pero que funciona”, explicó. La seguridad también lo sorprendió: “Podés caminar de noche sin problemas. El delito común no existe”. Eso sí, advirtió que es uno de los lugares donde más difícil se le hizo comunicarse: “No hablan inglés, no hay señal confiable y hasta Google Traductor falla”.
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El viajero también se aventuró a los pueblos del interior, donde se alojó con familias rurales que lo recibieron con vino y comida casera. En esos sitios aún circula el rublo transnistrio, una moneda propia que se consigue cambiando dólares, euros o rublos rusos. No hay tarjetas ni bancos internacionales. Todo se mueve en efectivo. “Gasté unos 500 dólares en toda la semana. Dormir cuesta entre 15 y 40 dólares por noche”, relató.
Para Maxi, Transnistria es un destino donde “cuesta moverse, comunicarse y entender lo que pasa”, pero vale la pena visitarlo. “Es como un parque temático soviético, pero real. Un país detenido en el tiempo. No hay otro lugar igual”, concluyó.
Fuente: Infobae.




