En Villa Pueyrredón, un rincón de Buenos Aires se transformó en un punto de encuentro inesperado: la terraza de Samune, más conocido como Samu, un coreano que fusionó su amor por el asado argentino y su cultura de origen para crear una experiencia social única.
En un ambiente informal y relajado, invita a desconocidos a compartir comida, conversación y quizás, nuevos vínculos personales.
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Su propuesta —una suerte de asado temático para “solos y solas”, pero sin reglas forzadas ni dinámicas incómodas— se volvió viral gracias a un video del influencer Alan Gold. Desde entonces, las reservas se dispararon. Por $39.000 el cubierto (bebidas aparte), los comensales disfrutan de picaña, morcilla y bondiola marinada al estilo coreano, todo acompañado con kimchi, pan chan casero y el tradicional soju para brindar.
Lejos de parecer una cita a ciegas grupal, el asado de Samu es más bien una excusa para romper con la rutina, dejar los celulares a un lado y permitirse conocer gente sin expectativas. La clave está en la autenticidad del anfitrión, que oficia de parrillero, maestro de ceremonias y, a veces, cómplice de historias que terminan en amistad o romance.
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Con capacidad para apenas 12 a 14 personas por noche, Samu asegura que más de una pareja nació bajo las luces de su terraza. Aunque planea reducir la frecuencia de los encuentros a uno por mes para equilibrar su vida laboral, no tiene intenciones de abandonar el proyecto que lo conectó con cientos de personas.
“Lo más lindo es ver cómo alguien que llegó solo se va con un grupo o con una sonrisa distinta”, dice. En tiempos marcados por el aislamiento, este asado espontáneo y multicultural se convirtió en una alternativa cálida y auténtica que ya dejó huella en el corazón porteño.
Fuente: Infobae.


