Fue una de las peores tragedias de la aviación mundial. La tarde del 12 de noviembre de 1996, dos aviones —un Boeing 747 de Saudi Arabian Airlines y un carguero Ilyushin IL-76 de Kazakhstan Airlines— chocaron en el aire cerca del Aeropuerto Internacional Indira Gandhi, en Nueva Delhi. Ambos aparatos se incendiaron y se precipitaron a tierra, dejando un saldo de 351 muertos.
El vuelo saudita había despegado con destino a Arabia Saudita con más de 300 pasajeros, mientras que el carguero kazajo descendía hacia la capital india. A las 18:40, los radares registraron la desaparición simultánea de ambos vuelos. Testigos en tierra y pilotos cercanos vieron cómo dos enormes bolas de fuego caían del cielo.
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Durante los primeros días, las autoridades indias investigaron posibles fallas técnicas, errores de los controladores o incluso deficiencias en el radar. Sin embargo, las grabaciones de la caja negra del Ilyushin revelaron una verdad más simple y devastadora: el piloto kazajo había interpretado mal las instrucciones en inglés del controlador aéreo, descendiendo a una altitud errónea.
Ese error llevó a ambas aeronaves a encontrarse en el mismo corredor aéreo y a una velocidad combinada imposible de evitar. Los restos de los aviones quedaron esparcidos en una zona de seis kilómetros, y las imágenes del lugar mostraban el impacto de una tragedia sin precedentes.
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El accidente de Charkhi Dadri —como fue conocido— impulsó cambios en los protocolos de comunicación internacional y en los sistemas automáticos de prevención de colisiones aéreas. Pero 29 años después, sigue siendo recordado como un símbolo del costo humano de un malentendido.
Fuente: Infobae.


