El precio promedio del diésel en Estados Unidos alcanzó este viernes los 5,85 dólares por galón, según datos de la Asociación Automovilística Estadounidense (AAA). El valor superó el récord anterior de 5,81 dólares registrado en junio de 2022 y quedó muy por encima de los 3,71 dólares de hace un año.
El fuerte incremento está relacionado, según el informe, con el conflicto entre Estados Unidos e Irán y las dificultades que atraviesa el flujo internacional de combustibles a través del estrecho de Ormuz. La suba también se trasladó a la gasolina y profundizó la preocupación por el impacto sobre la economía estadounidense.
El encarecimiento del diésel afecta especialmente al transporte y las cadenas de distribución, debido a que camiones, trenes y barcos dependen de este combustible para movilizar productos. La presión también alcanza a alimentos como frutas, verduras y carnes, además de sectores industriales y agrícolas que utilizan maquinaria impulsada por diésel.
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La Independent Grocers Alliance, que reúne a unos 7.500 supermercados, estima que el combustible representa entre el 15% y el 30% del costo total de los alimentos. A esto se suma el aumento de otros productos que requieren transporte, como ropa, cosméticos y muebles, lo que podría profundizar las presiones sobre los precios.
El escenario genera preocupación dentro del Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término del 3 de noviembre. Una encuesta de AP-NORC citada por el informe señaló que dos de cada tres adultos estadounidenses desaprueban el manejo de la economía por parte del presidente Donald Trump, mientras productores del Cinturón del Maíz denunciaron una fuerte crisis financiera por el aumento del diésel y los fertilizantes.
Trump, por su parte, responsabilizó a empresas energéticas y refinerías estadounidenses por posibles aumentos considerados especulativos y pidió una investigación del Departamento de Justicia. En los comicios de noviembre se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 bancas del Senado, en una elección que podría modificar el equilibrio del Congreso y condicionar la agenda de la Casa Blanca durante los últimos dos años del mandato.


