El entrenamiento de fuerza podría cumplir un rol clave en la prevención del deterioro cognitivo y la demencia, especialmente en personas mayores. Así lo indica un estudio reciente que asocia una buena salud muscular con una mejor memoria y un funcionamiento cerebral más favorable durante el envejecimiento.
La investigación, publicada en la revista Alzheimer’s & Dementia, señala que el músculo no solo cumple una función mecánica, sino que también actúa como un órgano endocrino. Durante el ejercicio, libera sustancias llamadas mioquinas —o exerquinas— que tienen efectos directos sobre el cerebro.
Según explicó el geriatra Miguel Germán Borda, uno de los autores del trabajo, estas sustancias reducen la inflamación crónica, un factor estrechamente vinculado con el daño neuronal. El ejercicio de fuerza también mejora el flujo sanguíneo cerebral y contribuye a proteger las neuronas.
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El estudio destaca además la estimulación del BDNF, un factor neurotrófico clave para el crecimiento y la supervivencia de las neuronas, particularmente en áreas relacionadas con la memoria como el hipocampo. Aunque se produce en el cerebro, su liberación se ve impulsada por señales que parten del músculo durante el ejercicio.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos de 583 personas de entre 60 y 77 años con riesgo de deterioro cognitivo. Durante dos años de seguimiento, quienes presentaban mayor fuerza muscular y mejor rendimiento físico mostraron una evolución cognitiva más favorable, especialmente en memoria y funciones ejecutivas.
Los especialistas recomiendan combinar ejercicio aeróbico, como caminar o subir escaleras, con entrenamiento de fuerza. Este último, menos practicado en la vejez, es clave para preservar la masa muscular y, según la evidencia científica, también para proteger la salud cerebral.


