El virus Nipah volvió a encender las alertas de la comunidad científica internacional por su alta letalidad y su potencial pandémico. Aunque no se trata de una pandemia activa, cada nuevo brote reaviva el debate sobre la capacidad global para contener enfermedades emergentes.
Detectado por primera vez a fines de la década de 1990, el Nipah es un virus zoonótico que se transmite de animales a humanos, con murciélagos frugívoros como principal reservorio natural. Los contagios registrados hasta el momento se produjeron de forma localizada, principalmente en países de Asia.
Uno de los factores que más preocupa a los expertos es su elevada tasa de mortalidad, que en algunos brotes superó el 40 %. Además, el virus puede provocar síntomas graves como encefalitis, complicaciones respiratorias severas y fallas neurológicas.
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Si bien la transmisión entre personas no es sostenida a gran escala, se ha comprobado que puede ocurrir en determinados contextos, especialmente en ámbitos sanitarios y familiares. A esto se suma la ausencia de una vacuna aprobada y de tratamientos específicos, lo que incrementa el riesgo sanitario.
Tras la experiencia del COVID-19, los sistemas de salud reforzaron los mecanismos de vigilancia epidemiológica y alerta temprana. En Argentina, especialistas subrayan la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y la detección precoz de brotes para evitar escenarios de mayor impacto.
La Organización Mundial de la Salud considera al virus Nipah una amenaza prioritaria debido a la posibilidad de que mute y se vuelva más transmisible. Por ahora, el monitoreo constante y la rápida respuesta ante cada caso son las principales herramientas para impedir que brotes aislados deriven en una crisis global.
Fuente: TyC Sports.


