En Argentina hay nombres raros, pero pocos tan singulares como este. Según datos del Registro Nacional de las Personas (Renaper), en los últimos 100 años solo tres personas fueron inscriptas oficialmente con el nombre Fructosa. La primera aparición se registró en 1922, la segunda en la misma década y la tercera recién en 1988. Desde entonces, no volvió a figurar en ninguna acta de nacimiento del país.
El nombre, que parece más propio de un laboratorio que de una sala de partos, nunca logró instalarse en ninguna provincia. A diferencia de otras elecciones excéntricas inspiradas en modas, personajes de series o redes sociales, Fructosa no tiene respaldo cultural ni religioso significativo en Argentina. No hay figuras públicas, artísticas ni históricas que lo hayan popularizado.
MIRÁ TAMBIÉN | La ciencia revela por qué los optimistas piensan distinto a los pesimistas
El significado del nombre podría explicar su falta de aceptación. En español, fructosa es un tipo de azúcar natural presente en frutas, lo que genera una asociación más científica que afectiva. Sin embargo, su origen está en el latín “fructuosus”, que significa “fértil” o “productivo”, y tiene un antecedente religioso en “Fructuoso”, nombre de santos cristianos de la antigüedad.
El desuso contrasta con la tendencia actual, donde lo exótico suele ganar terreno. Pero, en este caso, ni siquiera en tiempos en que los padres eligen nombres poco convencionales se volvió a registrar. El Renaper no tiene registros nuevos desde hace casi 40 años, y en bases escolares, censales o universitarias el nombre directamente no aparece.
Fuente: Clarín.


