En La Pampa, a orillas del embalse Casa de Piedra, un fruto seco poco habitual para la región está creciendo con éxito.
Se trata del pistacho, que ya cuenta con cerca de 200 hectáreas plantadas en la localidad pampeana y podría triplicar su superficie en los próximos años.
Santiago Gutiérrez, uno de los impulsores del proyecto junto a su padre Fernando, recuerda que el germen de Pampapist SRL surgió en una Navidad familiar, cuando su hermana Agustina y su pareja —integrante de una familia productora de pistachos en España— trajeron una muestra del fruto.
LEE TAMBIÉN | Perpetua para Brenda Agüero en el Caso Neonatal
La familia Gutiérrez viajó, investigó y recorrió varias zonas de La Pampa hasta dar con Casa de Piedra, un sitio con suelo virgen, clima árido ideal y una ventaja determinante: el respaldo de una fuerte inversión pública.
Gracias a un acueducto y una estación de bombeo que insumieron más de $15.000 millones, el gobierno provincial garantizó el acceso al agua para riego. Cada lote recibe agua filtrada y presurizada, lo que reduce los costos y facilita la expansión. Hoy, invertir en una hectárea de pistachos en Casa de Piedra cuesta entre 50% y 60% menos que hacerlo en San Juan, principal productor nacional.
“Cada lote grande tiene su propia bomba. El agua llega lista para usarse, sin necesidad de energía eléctrica”, explica Santiago, que también destaca que no se han registrado heladas tardías ni granizo en los últimos 15 años.
El microclima generado por el embalse es un factor clave. La amplitud térmica, los inviernos fríos y los veranos secos y calurosos son ideales para este cultivo. Y aunque las condiciones del lado rionegrino del embalse son similares, la falta de infraestructura y apoyo estatal frena allí el desarrollo.
Foto: Pampapist SRL.


