Dormir bien no depende solo de lo que ocurre durante la noche. Cada vez más estudios señalan que ciertos hábitos previos pueden marcar la diferencia en la calidad del descanso.
Una investigación publicada en el Journal of Affective Disorders analizó datos de más de 62.000 adultos y encontró que quienes practican jardinería de forma regular tienen un 42% menos de probabilidades de sufrir trastornos del sueño, como insomnio o somnolencia diurna.
El estudio, basado en datos del sistema de salud de Estados Unidos, sugiere que esta actividad funciona como una herramienta accesible y no farmacológica para mejorar el descanso.
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Los resultados también mostraron una relación directa: a mayor tiempo dedicado a la jardinería, mejor calidad de sueño. Incluso, los beneficios superaron a los de otras actividades físicas, aunque los especialistas advierten que aún se requieren más investigaciones.
La explicación está en la combinación de factores: movimiento físico, exposición a la luz natural y contacto con la naturaleza, elementos que ayudan a regular los ritmos circadianos y reducir el estrés.
Especialistas en medicina del sueño destacan que estos hábitos favorecen un descanso más profundo, mejoran la recuperación física y mental, y reducen el riesgo de enfermedades asociadas a la falta de sueño.
Además, pasar tiempo al aire libre —aunque no sea específicamente jardinería— también aporta beneficios similares, como mayor relajación, mejor concentración y bienestar general.


