La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir al mercado energético global y empujó el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares. Este escenario abre un panorama complejo para Argentina: por un lado promete mayores ingresos por exportaciones energéticas, pero al mismo tiempo aumenta el riesgo de subas en combustibles y presión inflacionaria en la economía local.
El precio internacional del crudo, especialmente el Brent —referencia para el mercado argentino—, llegó a ubicarse cerca de los u$s120 por barril tras las tensiones geopolíticas vinculadas a Irán y al estratégico paso del Estrecho de Ormuz. Ese corredor conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y por allí circula cerca del 20% del petróleo mundial, lo que explica la fuerte volatilidad reciente en los mercados.
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Para Argentina, el impacto tiene una doble cara. Gracias al crecimiento de la producción en Vaca Muerta, el país se consolidó como exportador neto de hidrocarburos. Según estimaciones del economista energético Daniel Dreizzen, un barril a u$s100 podría representar unos u$s5.000 millones adicionales de ingresos en 2026, impulsados por mayores ventas externas de petróleo y derivados.
Sin embargo, el aumento del crudo también genera preocupación en el frente interno. Cada dólar que sube el Brent puede trasladarse parcialmente al precio de los combustibles en el mercado local. Analistas del sector advierten que, si el barril se mantiene elevado durante varios meses, los ajustes en naftas y gasoil podrían ubicarse entre 3% y 4%, con impacto directo en transporte, logística y precios de bienes y servicios.
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Desde la industria energética señalan que el efecto final dependerá de la duración del conflicto internacional. Un salto transitorio podría diluirse con rapidez, pero si el petróleo se consolida por encima de los u$s100, Argentina enfrentará un escenario ambivalente: más exportaciones y actividad petrolera, pero también mayores riesgos de inflación y presión sobre el costo de vida.
Fuente: ámbito financiero.


