El cohete Starship de SpaceX, propiedad de Elon Musk, realizó su segundo vuelo de prueba en Texas, Estados Unidos. Sin embargo, minutos después del despegue, un propulsor explotó, resultando en la detonación del vehículo antes de alcanzar su altitud objetivo.
A pesar del incidente, SpaceX destacó el éxito en la separación de etapas y el desempeño de los motores Raptor del Super Heavy Booster. La compañía considera que estas pruebas son oportunidades para aprender y mejorar la confiabilidad de la nave Starship en su búsqueda de hacer posible la vida multiplanetaria.
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El cohete, con una altura de 120 metros, despegó desde la base de SpaceX en Boca Chica, Texas. La NASA, que cuenta con Starship para futuras misiones a la Luna, observó de cerca esta prueba. La primera prueba de Starship en abril tuvo problemas, y el cohete se destruyó intencionalmente.
Tras siete meses de reconstrucción, se realizaron ajustes en el sistema de separación. La FAA autorizó el segundo vuelo después de investigar el impacto ambiental, pero grupos ambientalistas han presentado demandas alegando evaluaciones incorrectas.
A pesar de las explosiones de prototipos, SpaceX continúa desarrollando Starship, aunque su ritmo plantea desafíos para los planes de la NASA, que ha firmado un contrato con la empresa para futuras misiones espaciales.
Fuente Télam.
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