La madrugada del 27 de noviembre de 1983, un Boeing 747 de Avianca que se preparaba para aterrizar en el Aeropuerto de Barajas se estrelló a solo 45 segundos de la pista. El vuelo procedente de París descendía con normalidad hasta que sus ruedas rozaron una colina cercana al aeropuerto. En segundos, la aeronave perdió estabilidad, una de sus alas se desprendió y el avión terminó volcado sobre su lomo, con las ruedas apuntando al cielo.
El impacto fue devastador: cuando los equipos de rescate llegaron quince minutos después, 181 personas ya estaban muertas. Otros dos heridos fallecieron luego, elevando el total a 183 víctimas. Solo once pasajeros lograron sobrevivir, entre ellos el policía francés Patrick Negers, su esposa y sus dos hijos pequeños, quienes se salvaron porque una puerta de emergencia se abrió durante el choque. Sus testimonios, al igual que el del ingeniero colombiano Hugo Bernal, revelaron escenas de fuego, explosiones y una carrera desesperada para escapar del fuselaje.
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Entre los fallecidos se encontraban figuras centrales de la cultura latinoamericana: el peruano Manuel Scorza, la argentina Marta Traba, el uruguayo Ángel Rama y el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia. Todos viajaban rumbo a Bogotá para participar del Primer Encuentro de Cultura Hispanoamericana. La tragedia se conoció rápidamente en los círculos literarios, que aguardaban en el aeropuerto madrileño el cambio de avión hacia Sudamérica.
Las primeras explicaciones oficiales apuntaron a que la aeronave volaba demasiado baja al iniciar su aproximación. La confirmación llegó días después: la torre de control había detectado que el Boeing estaba 260 metros por debajo de la altitud mínima, pero no transmitió la advertencia. Además, la caja negra reveló que el piloto, Tulio Hernández, había configurado incorrectamente el altímetro automático al marcar mal los pies de altitud, y luego desestimó la alarma creyendo que se trataba de una falla del sistema.
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La investigación concluyó que la tragedia fue el resultado directo de dos errores humanos: la omisión del aviso desde tierra y la falla de cálculo del comandante. Ese doble descuido selló la suerte de uno de los accidentes más impactantes en la historia de la aviación iberoamericana, que truncó vidas, proyectos y un encuentro cultural que nunca llegó a realizarse.
Fuente: Infobae.


