En el programa “Mañana es hoy”, conducido por Juan Díaz Granja en Radio 3 AM 780, el presidente de la Fundación Grooming Argentina, Hernán Navarro, analizó el avance de los retos virales en redes sociales y su posible vínculo con episodios de violencia en escuelas argentinas.
—¿Qué evaluación hace sobre las amenazas de tiroteos en escuelas que circulan en redes y su posible relación con retos virales?
“Venimos advirtiendo acerca de los retos virales en la Argentina desde el año 2017, con la aparición de la Ballena Azul. En aquel momento hablábamos de instigación al suicidio, de ideaciones suicidas activas. Hoy vemos que esos mismos patrones no desaparecieron, sino que se transformaron, se reciclan y adoptan nuevas formas que pueden incluir también instancias de violencia hacia terceros”, explicó Navarro.
El especialista sostuvo que el fenómeno actual es más complejo que en años anteriores. “Hoy no estamos hablando de un solo desafío viral, sino de la influencia de comunidades digitales que operan de manera sostenida. Son subculturas que interactúan entre sí, algunas con objetivos claramente destructivos, que buscan generar caos o degradación social”, señaló.
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—¿Dónde se originan estas dinámicas y cómo llegan a los adolescentes?
“Hay comunidades que emergen desde la dark web y luego se ramifican hacia la internet superficial. Eso permite que contenidos de altísimo riesgo circulen en espacios que los chicos usan cotidianamente”, explicó.
En ese sentido, mencionó plataformas como Discord y Telegram como canales donde pueden proliferar estos contenidos. “No es una cuestión de una red social específica, sino de ecosistemas digitales donde se construyen vínculos, identidad y pertenencia”, agregó.
—¿Por qué los adolescentes se sienten atraídos por estos retos?
“El adolescente busca pertenencia de manera constante. El mundo digital hoy es su principal espacio de socialización. Allí encuentra reconocimiento, validación y pertenencia, aunque a veces eso implique exponerse a riesgos muy serios”, afirmó Navarro.
También remarcó que el problema no se resuelve con prohibiciones. “Cuando el mundo adulto piensa en prohibir, está dejando de ver el problema. Es como romper un termómetro: no deja de existir la fiebre, solo deja de medirse. El desafío es comprender el ecosistema digital, no negarlo”, sostuvo.
—¿Qué responsabilidad tiene el mundo adulto frente a este escenario?
“Hay una enorme dificultad del mundo adulto para comprender el lenguaje digital de las adolescencias. No es solo una brecha tecnológica, es una brecha cultural e incluso idiomática. Muchas veces no logramos siquiera interpretar cómo se comunican los chicos”, advirtió.
—¿Qué falta en términos de políticas públicas en Argentina?
“Falta educación digital. Todavía en las escuelas se enseña contenido que no dialoga con la vida cotidiana de los chicos. No se trabaja ciudadanía digital de forma sistemática, y eso nos deja sin herramientas para la prevención primaria”, señaló.
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—¿Cómo se vincula lo digital con la violencia en el ámbito escolar?
“La violencia hoy tiene trazabilidad. Puede empezar en la escuela y continuar en el celular, o al revés. Ya no hay separación entre lo que ocurre en el aula y lo que pasa en redes sociales. Todo se retroalimenta”, explicó.
—¿Qué tan preocupante es esta situación si no se interviene?
“Si no intervenimos, siempre vamos a llegar tarde. La pregunta no es si puede haber situaciones graves, sino qué estamos haciendo para evitarlas. Y hoy la respuesta es insuficiente”, advirtió.
—¿Existe algún modelo internacional que pueda servir de referencia?
“Hemos estudiado experiencias en países nórdicos, como Finlandia, donde lograron reducir significativamente la violencia escolar. La clave es la coherencia entre familia, escuela y Estado. En Argentina ese triángulo está roto y necesitamos reconstruirlo con urgencia”, concluyó.


