Un estudio del CONICET analizó restos de hasta 6.000 años y confirmó que la caza comercial modificó el equilibrio de especies en la Patagonia.
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Una investigación científica desarrollada en la costa norte del Golfo San Jorge reveló que la distribución de lobos marinos en la región cambió de manera significativa a lo largo de los siglos, principalmente por el impacto de la actividad humana.
El trabajo fue llevado adelante por especialistas del CONICET, entre ellos Ariadna Svoboda y Damián Vales, quienes analizaron restos óseos de pinnípedos con una antigüedad de entre 6.000 y 600 años, junto con fuentes históricas y datos actuales.
El estudio se centró en el Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral, donde actualmente conviven tres especies: el lobo marino de un pelo, el lobo marino de dos pelos y el elefante marino del sur.
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A partir del análisis de 11 conjuntos arqueológicos, los investigadores identificaron al menos 37 individuos y detectaron un patrón clave: en el pasado, el lobo marino de dos pelos era mucho más abundante que en la actualidad, incluso predominando en varios sitios donde hoy su presencia es escasa o nula.
En contraste, los datos actuales muestran que el lobo marino de un pelo representa más del 70% de la población en la zona, según censos recientes realizados en 2023. Los ejemplares de dos pelos, en tanto, quedaron concentrados en pocos puntos específicos.
Los científicos atribuyen este cambio a la intensa explotación comercial que se desarrolló entre los siglos XVIII y XX. Durante ese período, empresas de Europa y Norteamérica cazaron masivamente lobos marinos, ballenas y otras especies en el Atlántico sur, impulsadas por la demanda de aceite para iluminación y pieles para la industria textil.
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“La caza tuvo un impacto muy fuerte sobre las poblaciones, especialmente del lobo marino de dos pelos”, explicó Vales, quien señaló que incluso existen evidencias de colonias reproductivas históricas que hoy desaparecieron, como en Bahía Melo.
El estudio también aporta datos clave para la conservación. Según los especialistas, conocer cómo eran las poblaciones en el pasado permite establecer objetivos más realistas de recuperación y anticipar qué zonas podrían volver a ser ocupadas por estas especies.
Además, remarcan que la información resulta fundamental para planificar actividades humanas actuales como el turismo, la pesca y el desarrollo costero, en equilibrio con la biodiversidad.
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“La distribución actual está, en cierta medida, distorsionada por la acción humana”, advirtieron los investigadores, quienes subrayan la importancia de integrar datos arqueológicos y ecológicos para comprender la dinámica de los ecosistemas marinos.
Así, el estudio no solo reconstruye el pasado de la fauna patagónica, sino que también se convierte en una herramienta clave para proyectar el futuro de la conservación en la región.
Fuente y foto: CENAP CONICET


