En Argentina, el combate medieval se consolidó como una disciplina que trasciende la recreación histórica. En clubes como Newbery Combate Medieval, los participantes entrenan con armaduras de acero que pesan entre 25 y 40 kilos, y utilizan armas históricamente reales sin filo para garantizar la seguridad. Cada pieza se fabrica o valida siguiendo estrictos criterios de autenticidad y época.
Lito Pedrola, uno de los luchadores, asegura que el deporte exige preparación física y mental. Las peleas incluyen estrategia y técnica, con reglas que prohíben golpear zonas sensibles como la nuca o la ingle. Los combates pueden ser tres contra tres o cinco contra cinco, y el objetivo es derribar al equipo contrario usando fuerza y táctica.
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El entrenamiento es intenso: cuatro jornadas semanales de dos horas cada una, con la dificultad extra del calor, que convierte a la armadura en un verdadero desafío durante el verano. Además de la práctica física, los participantes aprenden a fabricar sus propias armaduras y armas, combinando tradición, oficio y creatividad.
Más allá del aspecto competitivo, el combate medieval en Argentina fomenta la transmisión de conocimientos, el trabajo en equipo y la pasión por la historia. Los clubes realizan talleres para elaborar zapatos históricos, coser armaduras y estudiar los reglamentos, formando una comunidad que valora tanto la destreza como la autenticidad.
Fuente: Infobae.


