El domingo 4 de noviembre de 1990, el fútbol argentino escribió una de sus historias más insólitas. En la cancha de Vélez Sarsfield, un partido frente a San Lorenzo fue suspendido a los 40 minutos del primer tiempo por un motivo tan inverosímil como real: no quedaban pelotas para seguir jugando. El árbitro Juan Bava, de extensa trayectoria y carácter firme, tomó la decisión en medio de la incredulidad general y el desconcierto de los hinchas.
Todo comenzó con una advertencia previa. Según contó el propio Bava, el canchero del Fortín le había informado que solo disponía de cinco balones: “Cada vez que se va una a la tribuna, se las roban”, le dijo. El reglamento exigía ocho, pero el árbitro, confiado en el sentido común, aceptó dirigir así. Lo que no imaginaba era que en plena tarde de sol y tribunas colmadas, el partido terminaría sin pelotas.
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A los 40 minutos, luego de que el último balón se perdiera entre las populares, Bava pidió a los capitanes que pidieran colaboración a sus hinchas. La espera fue inútil: pasaron ocho minutos y, cuando finalmente devolvieron una pelota, estaba rajada con un cuchillo. “Ahí me calenté y lo suspendí”, recordó entre risas. Los gestos del juez —brazos cruzados sobre la cabeza— marcaron el final de un encuentro que quedaría para la historia.
En el vestuario, Bava recibió llamados de dirigentes y del propio Julio Grondona, entonces presidente de la AFA, quien lo intimó a reanudar el juego. “Si no volvés, te echo”, le advirtió. “No hace falta, me voy solo”, respondió el árbitro antes de retirarse del estadio. Más tarde, todavía con la tensión del día, recibió una llamada insólita desde España: era Plácido Domingo, amigo de su esposa, que le preguntó divertido: “¿Qué pasa, Juanillo, que en Argentina no hay pelotas?”.
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El partido se completó 37 días después, el 11 de diciembre, en el mismo estadio y con el mismo árbitro. Se jugaron dos tiempos de 25 minutos y terminó 0 a 0. Aquella tarde delirante quedó como una de las anécdotas más curiosas del fútbol argentino, una mezcla de absurdo y pasión que todavía hoy provoca sonrisas. “Si me preguntás ahora, ni loco lo suspendo —reconoció Bava años después—, pero en ese momento fue lo que sentí. Y así lo hice.”
Fuente: Infobae.


