El Ejército israelí inició una operación a gran escala en la urbe, considerada bastión de Hamás, en medio de la condena internacional y la crisis humanitaria.
Israel declaró el viernes a la ciudad de Gaza como zona de combate, dando inicio a una ofensiva planificada que ya había sido anticipada semanas atrás. La operación se produce mientras cientos de miles de personas permanecen atrapadas en la urbe, afectadas por el hambre y el desplazamiento.
Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, el número de muertos asciende a 63.025 desde el inicio del conflicto, con 59 fallecimientos registrados en las últimas 24 horas. Entre ellos se incluyen 322 víctimas por desnutrición, de las cuales 121 son niños. Israel, que cuestiona esas cifras, sostiene que la ciudad sigue siendo un bastión de Hamás con túneles y estructuras militares activas.
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El primer ministro Benjamin Netanyahu defendió la ofensiva, asegurando que busca destruir la capacidad operativa de Hamás y evitar una repetición de los ataques del 7 de octubre de 2023. “Intensificaremos nuestros ataques hasta traer de vuelta a los rehenes y desmantelar a Hamás”, afirmó un portavoz militar, que instó a la población civil a evacuar hacia el sur de la Franja.
La decisión generó nuevas críticas de organismos internacionales y agencias humanitarias, que advierten sobre el impacto devastador en la población civil. Grupos de ayuda y una iglesia local anunciaron que permanecerán en la ciudad para asistir a los desplazados, pese al riesgo.
En paralelo, el Ejército israelí convocó a decenas de miles de reservistas, marcando una escalada tras semanas de bombardeos previos. Mientras tanto, se registraron intensas explosiones y columnas de humo visibles desde la frontera sur de Israel.
Con información de EuroNews.
Foto ilustrativa de archivo.


