Israel comenzó este martes la demolición de edificios pertenecientes a la sede de la UNRWA en el barrio de Sheij Jarrah, en Jerusalén Este, un territorio considerado ocupado por la comunidad internacional. El operativo se desarrolló con un fuerte despliegue de soldados y policías que ingresaron al complejo y habilitaron el avance de maquinaria pesada.
Según testigos, las fuerzas de seguridad expulsaron previamente a los guardias del lugar y acordonaron la zona, impidiendo el acceso de la prensa y de personal externo. La intervención se produjo en un contexto de máxima tensión regional y de crecientes cuestionamientos a las acciones israelíes en áreas bajo administración palestina.
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Desde el gobierno israelí reiteraron las acusaciones contra la UNRWA, a la que señalan como una estructura infiltrada por el grupo Hamás. Las autoridades sostienen que algunos empleados de la agencia habrían participado en el ataque del 7 de octubre de 2023 y aseguran que el predio ya no funcionaba como instalación activa de Naciones Unidas.
La respuesta de la UNRWA fue inmediata. Su director en Cisjordania y Jerusalén Este calificó la demolición como un “ataque sin precedentes” y denunció una grave violación del derecho internacional y de las inmunidades que protegen a los organismos de la ONU. También reclamó a Israel el respeto por la inviolabilidad de los locales de Naciones Unidas.
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Mientras tanto, el Ministerio de Exteriores israelí defendió el operativo mediante un comunicado oficial, en el que afirmó que el complejo no contaba con estatus de inmunidad y que la confiscación se realizó conforme a la legislación israelí e internacional. El episodio suma un nuevo foco de conflicto diplomático en una región atravesada por una escalada sostenida de violencia.
Fuente: DW.


