El reciente viaje del presidente estadounidense Donald Trump por Oriente Medio, marcado por fastuosas recepciones y gestos simbólicos hacia líderes árabes, ha encendido las alarmas en Israel. El país, históricamente considerado un socio clave de Washington, teme quedar fuera del rediseño geopolítico que se perfila en la región y del que alguna vez fue actor central.
Durante décadas, Israel supo capitalizar su estrecha relación con Estados Unidos para influir en la política de la región. Desde los Acuerdos de Camp David hasta los más recientes Acuerdos de Abraham, el visto bueno de Tel Aviv era casi imprescindible para cualquier país árabe que buscara acercarse a Washington. Hoy, sin embargo, las señales indican que esa centralidad podría estar desvaneciéndose.
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El punto de quiebre se produjo esta semana cuando Trump, en una decisión inesperada, aceptó reunirse con el nuevo presidente de Siria en un encuentro promovido por Arabia Saudita y Turquía. Como parte del gesto diplomático, el mandatario estadounidense prometió levantar las sanciones a Damasco, desoyendo los pedidos de Israel de mantener la presión sobre un gobierno al que aún considera una amenaza directa.
Esta no fue la única omisión que inquietó a los israelíes. En las últimas semanas, Estados Unidos ha avanzado en conversaciones con Irán, impulsó un alto el fuego con los hutíes en Yemen y tomó decisiones estratégicas en la región sin consultar previamente a Israel. La respuesta de Trump ante la consulta sobre la posición israelí fue tajante: “No lo sé, no les pregunté sobre eso”.
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La columnista israelí Sima Kadmon describió el sentimiento general en su país con una metáfora contundente: “Esta semana hubo una fiesta en Oriente Medio —un gran baile lleno de trajes coloridos, dinero y oro cambiando de manos— y nos encontramos interpretando el papel de Cenicienta antes de la transformación”. Un reflejo de cómo, para muchos, Israel empieza a sentirse ajeno en un escenario que ayudó a construir.
Fuente: AP.
Foto: Alex Brandon – AP


