El partido Sanseito, conocido por su lema “Japón Primero”, sorprendió en las elecciones a la cámara alta de Japón al proyectarse con hasta 22 escaños, según la emisora pública NHK. Fundado durante la pandemia en YouTube, el movimiento pasó de difundir teorías conspirativas sobre vacunas a consolidarse como una fuerza política de peso, con un discurso antiinmigrante y promesas de recortes fiscales.
Su líder, Sohei Kamiya, defendió la consigna nacionalista asegurando que no propone expulsar extranjeros, pero sí “proteger el sustento del pueblo japonés frente al globalismo”. Inspirado en Donald Trump y comparado con partidos populistas como AfD en Alemania, Kamiya busca tejer alianzas con otras fuerzas menores y consolidar un bloque opositor. Analistas sostienen que el ascenso de Sanseito refleja el descontento con la economía japonesa y la frustración ante el aumento del costo de vida.
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El Partido Liberal Democrático (PLD), liderado por el primer ministro Shigeru Ishiba, sufrió un duro revés electoral, perdiendo la mayoría en la cámara alta. Para los expertos, el auge de Sanseito es más un síntoma de debilidad del oficialismo que un triunfo del nacionalismo. Sin embargo, el impacto ya se siente: Ishiba anunció un plan para endurecer controles migratorios días antes de los comicios, en lo que se interpreta como un giro a la derecha.
Con más de 400.000 seguidores en YouTube, Sanseito ha logrado conectar con votantes jóvenes, en especial hombres de entre 20 y 30 años. Para ampliar su base, Kamiya incluyó candidatas mujeres, entre ellas la cantante Saya, quien obtuvo un escaño en Tokio. El partido también promete aumentar beneficios por hijo, lo que inquieta a inversores ante la elevada deuda pública japonesa.
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Kamiya sostiene que esto es “solo el comienzo” y se fija como meta alcanzar 50 o 60 escaños en el futuro. Aunque la inmigración representa apenas el 3% de la población japonesa, el avance de Sanseito marca un cambio en el debate público, desplazando el eje hacia posturas nacionalistas que hasta hace poco parecían marginales en la política nipona.
Fuente: Reuters.


